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miércoles, 28 de agosto de 2013

Capítulo 1: Abandono.

Recostada sobre la cama, en posición fetal, levanto la mirada al techo de mi habitación, es claro pero de repente se nubla, empieza a tornarse borroso, pero el techo está bien, son mis lágrimas inundando mis ojos las que me ciegan poco a poco.
He esperado meses desde que él me abandonó, cada día ansío desesperadamente que llegue la noche, es mi momento para llorar, para intentar buscar respuestas. Éramos tan felices, al principio... Después las charlas melosas se volvieron discusiones, pasábamos hasta días sin hablar, yo me sentía cada vez más herida, pero volvía y me endulzaba el oído, mi mundo era él.
Volvían las discusiones, él cada vez era más agresivo, ya no le importaba herirme, tal vez nunca me levantó la mano, pero las palabras fueron suficientes para abrir una grieta en mi corazón.

Pasaba el tiempo y la grieta crecía, la inundé con mis lágrimas volviéndola un río, un río de dolor, de amargura, de amor roto, de ilusiones pisoteadas.


Y a pesar de todo, yo lo amaba, amaba los recuerdos, la forma en que me conquistó, la manera en que buscaba hacerme sentir bien cuando me veía triste, y después era el encargado de borrar mis sonrisas, de ahogarlas entre lágrimas. Y me pregunto, ¿qué espero?
¿Que regrese como el príncipe azul del que me enamoré?
No va a llegar en un hermoso corcel sosteniendo un ramo de rosas, lucho por entender que no hay finales felices, si es un final, nunca será feliz. Pero quizás, aunque aún no lo acepte, me gustaría ponerle final a nuestra historia, para poder comenzar un nuevo libro, reparar mi corazón con un amor nuevo.


Mientras tanto, sigo con la vaga esperanza de seguir en su corazón, y en sus pensamientos, aunque en sus brazos ya exista otra mujer. Ojalá hubiese la manera de inyectarme fuerza de voluntad, para olvidar lo bien que me hacía sentir y buscar mi felicidad; creo que esa droga se suministra poco a poco, con experiencia, con entusiasmo, y sobre todo, abandonando los recuerdos, y dejarlos como tal, como recuerdos que no volverán a ser realidad.


Cierro los ojos y prefiero vagar en mis sueños que seguir escuchando lo que mi mente no se cansa de repetir cada noche.



Una voz poco amable me separa de mis sueños.
- ¡Loryanne! levántate de la cama, iremos de compras, sabes que mañana es la fiesta con los Waldgrave, irás presentable, quizás encuentres un buen muchacho.


Bufé aún bajo las sábanas y las bajé un poco dejando ver mis ojos hinchados, ella siempre me proponía salir frecuentemente, conocer chicos, pero era en vano; cuando mis ojos enfocaron un poco cegados con la luz mi madre ya estaba de espaldas caminando hacia la sala, los tacones de sus zapatillas inglesas resonaban en el piso de madera. Ella siempre estaba tan animada, tan radiante, a veces creía que al nacer mi buen humor se había quedado dentro de su cuerpo, o tal vez alguien más se lo llevó. Suspiré y rodé los ojos ante el recuerdo que quería embargarme. "Demasiado temprano", dije para mi misma y abandoné la cama de un salto, me coloqué mis pantunflas moradas de lino y caminé tallando mis ojos, un ardor me llegó de momento, pero se desvaneció cuando abrí la ducha, el agua tibia limpió mis ojos y ayudó a despejar mi mente, al menos un par de minutos mientras pensaba en el día de compras que me esperaba con mi madre tan excéntrica, insisto, algo debió pasarme al nacer, no coincidimos en nada.